Monument Valley

1:50 Andriy McJordan 1 Comments

Amanecemos en el hotel de los navajos y vamos a desayunar al restaurante con el que tienen concertado el desayuno. Desconocemos muy bien la razón, pero hay bastante apatía en los empleados, quizá porque son indios y son así, quizá porque les dan subvenciones, quizá fuese otra cosa. Lo que está claro es que cambia bastante la película con respecto al típico restaurante o bar americano donde hay miles de empleados y te dan la tabarra cada dos minutos con que si todo está bien y si necesitas algo más. Por lo menos desayunamos bien (aunque no muchísimo) y caliente, y me rellenan la taza de café, aunque no nos dan leche con colacao o similares. Internet, que ya funcionaba mal por la noche, ahora ha dejado de funcionar por completo para mi indignación. Más adelante, en un par de gasolineras, parece ser que es algo común en toda la zona. Vamos, que estaban los indios sin cobertura (AT&T no tiene ahí) y sin internet, ¿se comunicarán en estas situaciones con señales de humo?
Tratando de no perder más tiempo, nos metemos en el coche camino a Monument Valley. Llegamos en un ratito y estas son las primeras vistas que obtenemos.

Tras conseguir un mapa en el Visitor Center, echar un vistazo muy rápido al museo y a la historia del código navajo en la Segunda Guerra Mundial y pedir a una chica que nos haga una foto y que NO la hiciese porque no pulsa lo suficiente el botón, nos adentramos en el recorrido de Monument con nuestro Focus. Pongo la GoPro en el capó delante de todo y mucha gente la mira y algunos incluso saludan. He echado un vistazo y creo que ha quedado genial. Monument Valley consiste en ir recorriendo por un circuito esta zona con las rocas de formas tan características. Te vas parando en los sitios y sacas unas cuantas fotos.


¿Qué os parece? La verdad es que es espectacular, es divertido ir conduciendo por ahí, y es bastante único. Tras unas cuantas horas disfrutando de Monument Valley, recargamos agua, compramos más y más recuerdos y regalos, y nos encaminamos a una pequeña joyita allí cerca. Consiste en el río San José que hace unos meandros magníficos. Llegamos allí y ya no hay nadie cobrando en la puerta, y ponen que eches cinco dólares en un buzón que hay. Cumplimos como buenos ciudadanos y nos acercamos a ver por qué hemos pagado. La verdad es que merece la pena, estamos allí con este espectacular paisaje, atardeciendo, y con una calma absoluta (no hay prácticamente nadie).


Después camino al hotel donde tenemos que descansar, porque mañana más madera, es la guerra que diría Groucho. El hombre de la recepción era amable y ha hecho comentarios sobre España, pero estábamos tan cansados que casi ni hemos podido contestar. He actualizado las dos últimas entradas con las fotos correspondientes, aquí por fin va bien internet. ¡Echad un ojo! A domani.

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