Route 66

0:13 Andriy McJordan 0 Comments

Nos despedimos de nuestro hotelito en Chicago y de la ciudad, pero aprovecho el Ășltimo rato para hablar un poco con Australia como en los viejos tiempos, por Skype. Mientras tanto Bauer y Klinsmann recogen el coche y vienen a la puerta a buscarme, un lujo. Nos aventuramos a recorrer a trozos la mĂ­tica ruta 66. Nos enganchamos a ella casi desde el principio que visitamos el otro dĂ­a, por la calle Adams, y seguimos una mezcla de las señales de la carretera, Google Maps, y nuestra guĂ­a que indica sorprendentemente bien por dĂłnde ir y quĂ© hacer en cada sitio. Me hace bastante ilusiĂłn hacer estos trocitos de ruta y voy pendiente de las señales y de lo que va diciendo el libro para poder descubrir pequeñas sorpresas. Lo que rodea a la ruta 66 en realidad son fruslerĂ­as, lo que ha acabado siendo es un conglomerado de señales y carteles con los que intentar atraer dinero de alguna forma, pero hay algunas cosas que estĂĄn bien y hacen gracia. Lo que quiero decir con esto es que poco queda de mi libro Las uvas de la ira, y supongo que es normal, desde los años 20 ya la carretera casi no tendrĂĄ ni un metro igual y las grandes migraciones de la Ă©poca se han convertido ahora en turismo de nostĂĄlgicos o europeos en busca de diversiĂłn. Una de las cosas que tratar de encontrar son los gigantes. Parece ser que se empezaron a construir hace muchos años de nuevo tratando de llamar la atenciĂłn de la gente. El primero que encontramos es el de Gemini, que tiene esta pinta.
Se ven por la ruta moteros, normalmente en parejas, que van sin casco con sus motos gigantes y resulta super extraño. La verdad es que creo que van bastante tranquilos, pero cada vez que les ves lo piensas. Seguimos un rato por la ruta y paramos en un sitio recomendado por la guĂ­a, el Old's Family Restaurant, donde nos atienden unas jovencitas que nos tratan bastante bien. Me pido una pepsi, que por supuesto te rellenan (aunque siempre tenemos nuestras dudas), y un hot sandwich de ternera con salsa y purĂ© de patatas, que estĂĄ buenĂ­simo, y que en realidad es una evoluciĂłn del sandwich, porque los panes estĂĄn bajo la ternera y una gran cantidad de salsa. Comentamos que seguramente llegaron a un punto que se ponĂ­an tantas cosas entre el pan que dijeron, a quiĂ©n vamos a engañar, lo ponemos en un plato y punto. Enfrente del restaurante hay una gasolinera Texaco con surtidores antiguos. Hago alguna foto y seguimos nuestro camino. Seguimos avanzando y el camino es entretenido, vamos siguiendo la ruta autĂ©ntica casi siempre, encontrando pequeñas sorpresas y referencias constantes, entrando en los pueblos y leyendo la guĂ­a, que si aquĂ­ hay graneros, que allĂĄ venden "SIRUP", mira esa camioneta vieja tĂ­pica de Gas Monkey... En Atlanta hacemos una parada mĂĄs larga porque me entretengo, tras ver el gigante del Perrito Caliente, en entrar en una lavanderĂ­a que tiene libros a 50 centavos (no encuentro nada en tal desorden) y vinilos, de entre los que selecciono uno de Country y Western por hacer la gracia y llevarme algo. Me lo cobra un hombre de la tienda de al lado donde tiene muchĂ­simas cositas y curiosidades de la ruta, y que amablemente charla con nosotros y nos desea suerte. Me compro un cafĂ© para llevar enfrente, en otra cafeterĂ­a con sabor autĂ©ntico, y seguimos parando en una señal de Motel Art's famosa, otra gasolinera de Shell, en la figura de la Virgen MarĂ­a que bendice la ruta desde el 59, y en un montĂłn de sitios de los que hacemos algunas fotos. Finalmente llegamos ya a las afueras de Saint Louis a nuestro destinos y descansamos para poder visitarlo mañana y seguir nuestro camino hacia el sur, en direcciĂłn Nueva Orleans. Hoy no sĂ© si voy a poder poner muchas fotos porque la WiFi no va muy bien por desgracia... En cuanto tenga una buena subirĂ© fotos y un timelapse si puedo, que he ido haciendo durante todo el camino. ¡Hasta mañana!

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