El olor de la calle Bourbon
Despertamos temprano para llegar al desayuno del hotel que acaba a las nueve, y tomamos unos bagels, zumo, café y lo que pillamos. La ducha del baño causa estragos porque nadie sabe usarla, Bauer la llama "bola de cristal" y parece difícil hacer que el agua salga a la temperatura adecuada. Salimos del pequeño Kosciusko y mientras nos dirigimos al sur pasamos por carreteras rodeadas de casas como en las películas, con su buzón cerca de la carretera y su caminito para llegar hasta ellas, y normalmente su pick-up aparcada fuera. Me sorprende la cantidad tremenda de casas que pasamos desperdigadas por el camino, siempre pienso en toda esa gente que vive ahí tranquilamente totalmente apartada del mundo.En cosa de cuatro horas llegamos a Nueva Orleans, y, en seguida, se hace evidente que esta ciudad es totalmente distinta a lo que llevamos visto hasta ahora, otro rollo completamente. Volvemos a una población extensísima negra, parece que van mucho más tranquilos y despacio por la calle, edificios más bajos aunque haya rascacielos, mucho homeless y, sobre todo, muchísima cultura del tema este del vudú y cosas de fantasmas y más aun de la música. Al llegar hacemos check-in en el hotel, seguramente el más lujoso hasta el momento y bien situado. El calor vuelve a ser intenso, hay sol y temperaturas altas. Damos una vuelta y comemos en una especie de sitio medio comida rápida medio comida típica de Luisiana, patatas cajún, pescado frito y gambas que llaman "Gambas-Palomitas de maíz". Todo tiene una especie de saborcillo picante, a mí me gusta. Por la tarde damos una vuelta por la ciudad, en concreto el french-quarter, que al parecer es el barrio español, no sé por qué se llama así. Lo demuestran los constantes azulejos de las esquinas en los que ponen cómo se llamaban las calles antiguamente, y donde indican que dichos azulejos están hechos en Talavera de la Reina. Las casas me recuerdan algo a Melbourne, no sé si los aussies coincidirán conmigo. Paro en un par de tiendas, una de libros cerrada con una pinta buenísima a la que espero ir mañana, y al final llegamos a una que teníamos fichada en la guía de Bauer. Me acerco a mis secciones favoritas, los cajones con ofertas, y en este caso voy directo al Jazz, es lo que toca en New Orleans. Encuentro una joyita de Sidney Bechet, y aunque la portada está algo rota y los discos un poco tocados por el precio que es, y siendo doble, me lo quedo. Además me cojo otro doble de pequeñas bandas que me hace gracia. Continuamos por la calle Frenchman, donde más adelante volveremos para ver Jazz en directo en algún local de todos los que hay, y giramos en seguida para dar otra vuelta por el French Quarter. Enfrente de la Catedral encontramos un par de músicos en directo, el que toca la trompeta y canga, un negro bastante grande y gordo, tiene una voz que parece sacada de las pelis de Disney o algo así, les escucho un rato ilusionado y descansamos sentados mientras tanto.
La calle Bourbon es una auténtica locura, desde el olor impregnado que se te mete debajo de la piel y que todavía no sé lo que es hasta los personajes que señalan sus locales sin más como reclamo para que entres. Nos acercamos a un club mítico de Jazz en el que hay que hacer cola para entrar y pagar entrada pero nos avisan de que seguramente no entremos en la sesión de las ocho, y como no queremos estar esperando ahí hasta las nueve seguimos nuestro camino. La ciudad tiene miles de tiendecitas extrañas, muchas de ellas dedicadas al tema este del vudú mezclado con los souvenires, pero también otras de antigüedades, muebles, cosas que parecen estar al margen de las cadenas que hoy en día todo lo dominan. Volvemos finalmente a Frenchman y al principio vemos un sitio que nos gusta, damos una vuelta por si acaso, pero acabamos entrando y cogiendo sitio allí, no sin que antes nos pidan el ID. La verdad es que hay veces que no entiendo por qué lo piden si es evidente, pero sus razones tendrán... Nos pedimos tres cervezas y disfruto como un enano de la banda, me da lo mismo que no sean auténticos, que sean para turistas o lo que sea, yo estoy aquí en un local en Nueva Orleans escuchando Jazz con Klinsmann y Bauer y soy feliz. Unas cuantas canciones más tarde entra un chaval con una trompeta y se une a la banda, que le acoge y le regalan una camiseta. Mucho mejor todavía, además me gusta como toca y le añade otro estilo. Me acuerdo de Kerouac y sus relatos de NO y de cómo se vuelven locos sus personajes con el Jazz. Nos piden propina un par de veces, y cuando terminan les damos unos dólares y nos vamos hacia el hotel.
Al salir vemos por la calle a una banda bastante grande tocando, esta sí es totalmente formada por gente negra. Volvemos a la locura de Bourbon mientras regresamos y nos tiran collares de estos de plástico de bolitas desde un balcón (a nosotros y a todos) como reclamo para entrar en su garito. Cojo uno al vuelo con mi sentido arácnido. Pronto llegamos al hotel, cenamos algo y descansamos. Todavía me parece que huele a la calle Bourbon...


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