De la calma de Bryce y Zion al desenfreno de Las Vegas

4:01 Andriy McJordan 1 Comments

Nos despedimos de nuestro hotel, que contaba seguramente con el paraje más agradable hasta ahora del viaje como comentaba ayer, tras un breve y frugal desayuno. El primer destino es Bryce, un nuevo parque que añadir a nuestra lista.

Llegamos a Bryce y tras una consulta rápida en el Visitor Center decidimos recorrer el parque con nuestro propio coche. Nos vamos al extremo, donde está el mirador más lejano, y estas son las vistas que ofrece Bryce point.

Nos acercamos a continuación al resto de puntos, menos congestionados, y podemos contemplar el curioso paisaje que ofrece Bryce con sus hoodoos y sus colores rojizos y blanquecinos. Como veréis el paisaje típico es estas torrecitas que se forman con la erosión y que recuerdan en cierta manera a los churros que hacíamos para los castillos de arena cuando éramos más jóvenes. Además hay pinos, muchos de ellos ya secos, seguramente porque se erosiona el terreno, ¡y se quedan si poder chupar de ningún sitio! También vemos algunas ardillitas pequeñitas como Chip y Chop muy divertidas. Me esfuerzo en buscar prairie dogs, una especie de marmotillas, que quizá sean algunas de las que vi, o leones de montaña, aunque esos no creo que aparezcan mucho. Las fotos

En uno de los puntos hay una caminata muy curiosa cuesta abajo y allá que vamos. La gente que volvía parecía muy cansada pero lo cierto es que al final no se hace nada dura. La bajada es divertida y bonita, se va salvando el desnivel con curvas de herradura y al final pasas por una especie de desfiladero. ¡No tengo fotos de la cuesta porque se me acabó la batería de la GoPro!

Nos despedimos de Bryce Canyon porque todavía tenemos que visitar Zion y llegar hasta Las Vegas. El viaje a Zion es relativamente corto, y tras entrar en el parque con nuestro pase anual la carretera que lleva hasta el parking es espectacular. Es una especie de carreterita de puerto, con los enormes desfiladeros que van quedando al lado y atravesamos un túnel gigantesco y estrecho por el que, aunque hay dos carriles, sólodejan circular un sentido parece ser. Además nos encontramos con fauna salvaje, principalmente cabras que van por las rocas sin temor a caer.

En Zion no se puede ir con tu propio coche y la verdad es que tenemos muy poco tiempo para verlo. Nos montamos en el autobús y nos vamos hasta la última parada para ir viéndolo todo. Allí hacemos un trozo de ruta bordeando el río aunque no llegamos a lo más interesante, que es al final donde las paredes de piedra están mucho más cerca. No podemos permitirnos tanto tiempo y solamente damos un paseo en el que tampoco consigo ver tortugas.

Volvemos al aparcamiento ya con el sol oculto tras el cañón y salimos camino a Las Vegas. Al llegar a ver el skyline de Las Vegas llama la atención la cantidad de luces que hay, o al menos a mí. Ya llegados allí, la ciudad demuestra que es lo que parece ser. Es un sitio extraño y artificial donde se juntan personajes de todo tipo, estrafalarios, jóvenes y gente aparentemente normal. Tengo claro que estoy fuera de lugar desde el primer momento, pero aun así Klinsmann y yo nos atrevemos a dar una vuelta. Por las calles te ofrecen de todo empleados de clubes, discotecas y demás, hay algunos que intentan aprovecharse del calor que hace y venden agua y refrescos, hay grupos de chicos y chicas que gritan y cantan, vestimentas de toda clase, carteles luminosos, anuncios, las calles principales se cruzan por puentes que acaban dentro de una especie de centros comerciales. Todo el mundo parece saber dónde dirigirse y yo en cambio me siento perdido con mi mirada inocente en esta loca ciudad. Vemos la fuente del Bellagio, pasamos por el Flamingo, por el Caesars, y casi sin querer entramos en el Planet Hollywood buscando algo que cenar, pero resulta que además de muchas otras cosas es un casino. Entras en los casinos casi sin querer, nadie se fija en ti ni te dice nada. Nos damos una vuelta, la típica estampa de las tragaperras se da en la realidad, hay miles de mesas con distintos tipos de juegos que desconozco, aparte del Texas Holdem, en el que la palabra unlimited da miedo. Hay bares, chicas bailando, gente fumando (por supuesto se puede fumar), bastantes asiáticos jugando y muchos empleados. Acabamos por salir de allí y nos vamos a ver el Bellagio por dentro y si lo vemos factible, ya que estamos en Las Vegas, apostar una módica cantidad para poder decir que hemos jugado allí. Aunque la entrada es bastante espectacular, de nuevo nadie se fija en nosotros, y pronto llegamos a ver toda la locura de nuevo. Tras un rato de observación, apostamos en la ruleta a algunos números que decidimos, y encima quedamos de panolis al principio porque nos confundimos en una regla. Por supuesto lo perdemos todo y nos vamos al hotel comentando la jugada que queda para la posteridad y para las arcas del Bellagio. Pongo un par de fotos que hemos hecho con el móvil que no quería llevar la cámara...

Mañana con suerte veremos el cartel famoso de Las Vegas y nos hacemos alguna foto. Me despido ya que es tarde...

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