Vuelo número 23 destino Chicago
Hoy nos encaminamos por la mañana hacia el Lou Mitchell's, el diner típico que encontró Bauer para que yo pudiese disfrutar de un auténtico desayuno americano. A mí me da la impresión de que cada vez me cuesta más levantarme, pero una vez en marcha sin problema. Vamos hacia el oeste por cambiar de ruta y ver calles nuevas, y por el camino encontramos una tienda grande de deportes en la que entramos para ver algunas cosas y Bauer se hace con unas zapatillas para ir cómodamente por los parques que tendremos que recorrer, no sin antes dudar y preguntarnos varias veces. Al final yo creo que hace bien y nos vamos con nuestra nueva compra girando al sur para cruzar el río. Nos distraemos un momento con las vistas desde el puente, y pocos metros más allá, vuelvo a sacar fotos de los pasos elevados. Más tarde iríamos en un tren sobre el famoso Loop. De nuevo unos pasos más allá me paro para hacer una foto artística con el reflejo del edificio. Cruzado el río la zona está en plena ebullición, se nota que es la zona de negocios y hay mucha gente por la calle en una mescolanza entre ejecutivos y turistas. Nos quedamos anonadados porque casi llegando a la Willis Tower hay miles de camiones de comida parados pegados a la acera vendiendo lo que parece el almuerzo de los trabajadores, que hacen colas en sus especialidades favoritas y comen de cualquier manera en los parques y bancos de la calle. Como comenta Bauer, es el tupper llevado al extremo, ni te lo llevas de casa ni te lo comes en la empresa, pero comes de un plástico y sentado en cualquier sitio y deprisa. En cierta manera me atrae la idea, y seguramente haya cosas ricas, pero creo que para un español acostumbrado a basar su cultura en la comida y la reunión en base a la misma se hace raro y curioso. La zona de rascacielos también es asombrosa y te quedas boquiabierto mirando todo el acero y cristal, y no sólo por levantar la cabeza hacia arriba. Pocos metros más allá llegamos a nuestro destino a la hora perfecta para un brunch. Disfruto desde el primer momento del local, donde nos llevan a nuestra mesa mientras despreocupadamente nos ofrecen un trozo de brioche y nos llevan a una mesa con los típicos asientos y llena de salsas, botes, jarritas y todo tipo de cosas que puedas necesitar en tu comida. No puedo resistirme y me pido mis típicos huevos benedictinos, aunque Bauer y Klinsmann me dejan probar sus salchichas y tortitas, todo está buenísimo. El momento TOP llega cuando la camarera me dice que "ahora mismo te relleno el café, honey" y me derrito al escucharlo. Total, que me bebo tres tazas de café y salgo de allí casi rodando. Cerca del Lou está la Union Station, la estación de tren, donde se grabó la famosa escena de Los Intocables de Eliot Ness de las escaleras y el carrito que seguramente recordaréis. Mala suerte, justamente esas escaleras están en plena renovación y cerradas, así que nuestro gozo en un pozo. Visitamos al menos la sala grande de abajo. Nuestro siguiente destino es el Skydeck en la Willis Tower, una torre enorme desde la que puedes disfrutar de unos balcones hechos de cristal en el piso 103 donde mirar directamente hasta el suelo. Tras miles de colas conseguimos subir y damos la vuelta al edificio para disfrutar de las cuatro orientaciones, y finalmente hacemos una cola más para disfrutar de los balcones acristalados. La verdad es que si dejas de preocuparte por las fotos un momento y miras de verdad hacia abajo y lo piensas impresiona bastante, pero es difícil con la presión de la cola y las prisas de las fotos y demás. Nos hacemos fotos y vídeos y repetimos en otro balcón por si acaso.Ci vediamo...


Es todo como en las pelis...
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