Don't mess with Texas

23:12 Andriy McJordan 0 Comments

Empieza el día en Wichita Falls temprano con desayuno incluido. De nuevo alucino con el tema de la obesidad en este país. La verdad es que llega un momento en que es difícil ver mujeres delgadas, es bastante impresionante.
Nuestro próximo destino es Amarillo, lugar donde nos uniremos a la ruta 66 otra vez y donde hay una zona de tiendas de antigüedades y el famosísimo lugar donde comeremos, el Big Texan, famoso por su filete gratis de 72 oz (como dos kilos). Eso sí, para que sea gratis tienes que comértelo en menos de una hora, el filete entero y todas las guarniciones que te ponen.
Hago parte del viaje dormido porque estoy todavía bastante cansado, pero se nota que estamos en Tejas, los pueblos son como mucho más "del Oeste", como más abandonados, hay coches tipo Gas Monkey por ahí aparcados y a la venta... En Amarillo nos damos una vuelta por las tiendas de antigüedades y echo un vistazo pero hay demasiadas cosas, y demasiadas cosas poco interesantes para mí. Aun así me compro un vinilo que no sé muy bien por qué elijo. Después nos vamos al Big Texan. El restaurante es muy grande, y no parece que mucha gente intente el reto. Yo creo que entre otras cosas da vergüenza. Los camareros van vestidos de vaqueros y hay un tío que va cantando country por las mesas y pidiendo propina después. Nos pedimos un buen steak con dos guarniciones y yo como muy a gusto aunque todos coincidimos en que es increíble lo malos que son los cuchillos para ser un restaurante totalmente carnívoro. La verdad es que a mí me hubiese gustado probar el reto, pero creo que seguramente no lo hubiese hecho, lo que pasa es que te quedas un poco con las ganas...

Después de pasarnos también por la tienda de regalos y comprarnos algunas cosas (yo una camiseta muy molona), nos unimos de nuevo a la ruta y continuamos por ella brevemente, antes de volver a desviarnos para ver el arte urbano que ofrece el Cadillac Ranch. Al parecer esto nunca estuvo en la ruta, pero se ha convertido en un icono y hay mucha gente parando y viéndolo. La cosa consiste en diez Cadillacs enterrados por el morro de manera bastante curiosa, y aunque a mí la verdad es que no me gusta, parece que la tradición es llegar y hacer algún grafiti con pinturas que hay por ahí. Nos hacemos fotos, pintamos un poco en los coches y continuamos el camino.

Llega un punto en que nos adentramos en el estado de Nuevo Méjico, lo que supone despedirme de Tejas, que, aunque tampoco ha sido tan especial, me da pena. Los terrenos que nos rodean son como amarillos con motas verdes, bastante característicos, y empieza a haber alguna montañita que otra de estas como con la cima plana. Delante de nosotros hay una tormenta, se ve el cielo gris y de vez en cuando incluso algún rayo, y cuando finalmente llegamos es curioso porque parece que se hace de noche y después al salir de nuevo de día. A ver si puedo subir un time lapse que esté bien para mañana.

Paramos en Clines Corner, que es una tienda de regalos grande y que tienen miles de vallas de publicidad durante toda la ruta, que si café por 99 centavos, refrescos por lo mismo, camisetas, baños limpios... Anuncian de todo y cada pocos metros. Al final nos puede la curiosidad y entramos, y ya de paso nos llevamos más recuerdos.
Finalmente llegamos a nuestro motel de Moriarty, que (¿lo he dicho ya?) me hace gracia porque el del libro de Kerouac es Dean Moriarty. Nos tomamos algo rápido en el mackers, a mí me apetecía un batido, y descansamos ya en la habitación aunque no conseguimos poner subtítulos en una serie como ayer.
See you!

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Texas forever

0:06 Andriy McJordan 2 Comments

Lo bueno que tienen los moteles que incluyen desayuno es que te tienes que levantar pronto sí o sí, puesto que el horario estándar es de seis a nueve. Hoy allí estábamos, a las afueras de Austin, tomando bagels, zumo, yogur y café que se agradece. Recogemos todo, que no es tan fácil ir transportando un mes de vida de hotel en hotel, y nos dirigimos al tour particular de Friday Night Lights, serie venerada por Klinsmann y por mí, y que fue rodada en Austin en casas y lugares de verdad. Me lo paso pipa buscando las casas, la verdad es que menos la de Riggins creo que acierto todas y se reconocen fácilmente. Primero vamos a la casa de los Riggins. Seguramente se viene a la cabeza la imagen del hermano mayor levantando a un resacoso Tim para ir al entrenamiento.

Cerca de allí está la residencia de los Taylor, donde tantas historias que rodeaban al Coach Taylor sucedieron, los pases a Saracen, las visitas de Buddy Garrity... Allí también vivió Riggins, ¡qué momentos! Yo creo que se reconoce bien, ¿no?

Nos metemos en el coche otra vez hasta la casa de la abuela Saracen. No está la señal del siete, ni su neumático para entrenar, y ahora la casa tiene hiedra, pero, no hay duda, es aquí donde Matt le canta Mr. Sandman a su abuela, donde practica con Landry y donde recoloca su cartel al salir hacia el entrenamiento.

Coincide que cruzamos con el coche por el puente donde Tyra y Landry se deshacen de las pruebas, y un poquito donde la serie peca de la poca originalidad de otras. Era aquí, ¿no?

En el Landing Strip acabó trabajando mucha gente, ¿no? ¡Pues existe de verdad! Una fotito rápida y al siguiente...

Y hemos llegado al campo de los Panthers. Aquí grababan gran parte de los partidos, entrenamientos y demás. Parece que el piloto lo grabaron en otro estadio, y este lo hicieron a medida para grabar. Además lo aprovecharon para los Lions también, o eso he leído, pero está por el otro lado y no hemos podido entrar. Una pena porque lo podían dejar abierto. Pero bueno, no me digáis que no se ve claramente al Coach en la banda o a Riggins destrozando a alguno por el campo... Alguien (¿o estaba así?) tuvo la feliz idea de escribir PANTHERS y Texas Forever. El sitio está un tanto abandonado y le da un toque épico.

Este ha sido un momento mítico, porque después de perdérnoslo ayer por escasos metros, hemos vuelto y es innegable que estas eran las tierras de Riggins. Es aquí donde te enamoras de Texas, donde hemos hecho mil fotos y donde hemos recogido una piedrecita de "Riggins land" para la historia. Texas forever.

Finalmente hemos visitado el estadio donde grabaron el episodio piloto. Este está muy bien conservado y pone PANTHERS, lo que le da un toque mítico. Había gente ensayando o algo y hemos podido entrar en las gradas y hacernos unas fotos. Quién no recuerda esos momentos del Coach diciendo "Saracen, quarterback's a captain", de darle en el casco a un compañero con un pase y de posteriormente ese maravilloso pase sin cerrar los ojos.

Pasadas las motivaciones de Friday Night Lights hemos continuado nuestro particular viaje por Tejas. Aunque no ha acabado ahí la "peregrinación pop", y es que cerca de Dallas hemos pasado por el Gas Monkey Garage. La pena es que no hemos podido ver a Richard Rawlings, ni a Aaron, ni siquiera su barba, pero ha estado divertido. Les he puesto un tweet pero me han contestado que intentan salir a las seis, y yo creo que no era cosa de estar ahí esperando sin hacer nada para total luego cortarnos y como mucho hacernos un par de fotos, y eso contando con que estuviesen los dos o al menos alguno.

Tras esta última visita fuera de lo normal, hemos seguido primero por una carretera horrible llena de obras y atascada, y luego por una mucho más agradable y por la que he disfrutado escuchando Explosions In The Sky mientras miraba el cielo tejano y sus campos, como tantas veces había pensado que haría alguna vez. Se le olvidaba contar que por la mañana, durante el camino, en una parada de repostaje, un hombre nos hablaba de España, que era un país magnífico y que qué hacíamos aquí, y luego me ha nombrado a los Gasoles, Rafa Nadal y Ferrer. Nos ha hecho alguna recomendación de San Francisco. Finalmente hemos llegado a nuestro destino, Wichita Falls, donde lo más relevante ha sido mi capricho de cenar Pizza Hut y hemos pedido una pizza con un borde riquísimo de cosas rellenas de queso.

Mañana nos reincorporaremos por algún tiempo a la ruta 66. Nos vemos por aquí.

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Austin TX

0:28 Andriy McJordan 0 Comments

Con la resaca de Nueva Orleans levantamos algo más tarde de lo que deberíamos y tras recoger el coche nos encaminamos hacia Tejas. El camino de nuevo se hace pesado, y es hacia el final cuando la carretera se hace algo más interesante, me pongo al volante con Explosions In The Sky, y soy feliz recorriendo la tierra del Coach Taylor, Riggins y Saracen. Os pongo un vídeo de un rato del final, no había puesto nada, pero los vídeos, para verlos bien, mejor con una WiFi que si no supongo que gastarán muchos datos...

La verdad es que hoy no hemos hecho gran cosa aparte de viajar. Hemos parado a comer en un Whataburger donde la empleada nos ha preguntado si éramos gemelos (es la segunda vez que nos pasa), y luego ha dicho que incluso los tres parecíamos iguales. Hablaba con casi cada cliente y les preguntaba cosas. A nosotros nos ha dicho que su ta-ta-ta-tarabuelo (cuatro niveles, ¿se dice así?) era español y que sonreíamos igual. Me he pedido apple slices en vez de patatas fritas, pensando que me iban a dar algo en plan manzana frita, y ha sido un timo porque me han traído una manzana cortada en trozos. Pobre yo. Hemos salido con nuestros vasos gigantes llenos de Cocacola y al coche, ya estamos integrados en el sistema yanqui por completo.
He estado leyendo algún rato a Kerouac y es divertido cuando algunas cosas coinciden, como un personaje que le recogía haciendo autostop que era de Lubbock, pueblo de Tejas por el que luego hemos pasado. Hemos estado bastante atascados en la zona de Houston, no sé si hemos pillado justo la hora de salida de trabajo o qué, pero además había obras y ha sido un rollo.
Hemos estado en el Alamo Freeze, y aunque está reformado y en realidad es una cadena DQ, yo estaba contento de poder estar ahí donde Saracen vendía helados y batidos : ) Como era de noche la foto no está muy allá, pero si algún fan lee esto quizá lo reconozca...

También hemos intentado ir a la tierra de Riggins, pero aunque la hemos rondado no la hemos encontrado. Mañana quizá si entra en el planning nos acercamos otra vez y nos inmortalizamos.

La verdad es que hemos llegado un poquito tarde y Bauer no se fiaba mucho, seguramente con razón, así que hemos vuelto al hotel después de este par de cosas y mañana haremos una visitilla rápida para después continuar por Texas y volver a unirnos a la ruta 66. Yo creo que estará divertido.

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Do you know what it means to miss New Orleans

0:40 Andriy McJordan 0 Comments

Nuestro segundo día en Nueva Orleans comienza perezoso y dubitativo, remoloneo en la habitación más que de costumbre y cuando finalmente salimos me olvido de coger mi planeado café en el vestíbulo. Las indicaciones de la recepcionista para ir a Garden District no son las mejores y me molesta bastante que parece que siempre que hablamos con ella acabamos hablando del tour que venden en el hotel. Peor, salimos y me desespero para comprar los tickets y subir al autobús porque nos han dicho que hay que llevar el dinero exacto y me ahogo yo solo en un vaso de agua. Finalmente, para calmarme un poco, decidimos ir a mi tienda de libros, y allí paso un ratito buscando algún Kerouac, Bukowski o Steinbeck. Lamentablemente algún otro hipster me copió ayer, puesto que el señor mayor que parece dueño y un joven, los dos que llevan la tienda, me comentan que ayer alguien preguntó por Kerouac y se llevó el libro que había, y que también por Bukowski y se llevó el otro único que tenían. Aun así encuentro Al Este del Edén de Steinbeck y me compro un libro de un escritor local, Walter Percy si mucho no me equivoco, recomendado por el chaval joven. Salgo bastante más feliz de la tienda y con cambio e instrucciones que nos han dado en ella, y finalmente conseguimos coger el autobús (no era tan difícil) y compramos un pase para todo el día. Llegamos a Garden District, un barrio pintoresco y característico por sus casitas. Árboles gigantes conquistan la acera literalmente y muchas casas parecen en plena restauración, como si alguien la hubiese comprado muy vieja y la estuviese poniendo a punto. Las casas son mansiones que debieron pertenecer a gente de clase alta, con su jardín y demás, y es una zona bastante tranquila. Los turistas parecen acercarse a ver el cementerio y se veían por la calle Magazine de la que hablaré a continuación. Sacamos varias fotos (la GoPro me parece que hace como brillos desconozco la razón) y callejeamos un poco viendo los balcones, collares colgando de los árboles, y en fin, lo que podéis ver en las fotos.

En la calle Magazine hay muchas tiendas curiosas, de nuevo me recuerda a Melbourne, así como alternativas y con dependientes más indies aún. Paramos en un par de ellas y compro un regalito para Australia y algunos otros más. Entre medias de uno y otro encontramos un sitio estupendo para comer. Anuncian comida típica local y tiene buen aspecto, y a mí me convence que se llama Ignatius. Ignatius Reilly es el protagonista de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Curiosamente hasta hoy no lo sabía, pero en la tienda de los libros he estado comentando con el hombre mayor cuando le he pedido recomendación y me ha dicho éste, y el escritor era de Nueva Orleans. Al parecer JKT escribió el libro pero se suicidó, y algunos años más tarde su madre lo publicó. De cualquier manera, el libro es bastante característico y el restaurante está basado en él. Pedimos para comer tomates verdes fritos, y yo me hago con un Po Boy de salchicha de Alligator, es decir, de caimán. Sorprendentemente (o no), está buenísimo. Klinsmann se pide Gumbo y Bauer otro Po Boy de ternera.

Salimos y me compro en una tienda cercana de las que hablaba una camiseta que me hace gracia por varios motivos con un cocodrilo y que pone "Tastes like chicken!" (¡Sabe a pollo!), como el mismísimo Snake diría. También unas gafas de sol hipsters que usaré y pretendo regalar a Australia cuando vuelva (las gafas de sol ya lo dijo Juan Carlos I, son bisexuales). Finalmente volvemos a coger el autobús y llegamos a la zona del hotel, dispuestos a coger el Ferry gratuito. Damos un paseo por el puerto, y nos acercamos al ferry cuando llega. Un cartel nos hace parar, pone que dos dólares cuando en el resto de sitios ponía que gratuito. Como tampoco es nada especial (sólo era por la gracia de cogerlo), nos damos la vuelta y seguimos callejeando. Hacemos una parada en el hotel que algunos aprovechan para dormir microsiestas, y volvemos a la calle con ánimo de dar una vuelta por el Warehouse Art District. Parece una zona antiguamente industrial que han renovado y ahora parece casi pija (esto ya ha pasado en varias ciudades creo yo). Aquí está el museo de la WWII, pero ni nos interesa entrar ni estamos a tiempo de hacerlo. Finalmente, sin mucho que hacer por allí, nos cogemos un autobús para amortizar nuestro pase diario y nos bajamos cerca del French Quarter.

Por el camino vemos a Mark Wahlberg y Bauer se queda asombradísimo y discutimos acerca de las probabilidades de que esto sucediese. Un hombre negro de un coche con un parecido bastante grande con Morgan Freeman nos pregunta "quién es ese tipo", y al principio dudo de si se está cachondeando y es el propio Morgan. Al final le comentamos quién es y con la película de Ted nos dice, "oh yeah, I can track that". Esperamos años para que pase un tren con millones de vagones (¿se llaman vagones cuando son de mercancía?), y caminamos al lado del Mississipi hasta llegar al French Market. En el río está el Natchez, un barco de vapor que hace tours por NO y que es bastante curioso, aparte de tener una especie de bocina que suelta vapor impresionante, tocan a veces el calíope (ayer lo escuchamos pero hoy no). Os invito a ver este vídeo si tenéis curiosidad. En este rato el cielo se pone muy gris, aunque las historias de Bauer de tormentas finalmente han resultado ser falsas.

Visitamos mínimamente el French Market, todo está cerrado, y nos encaminamos por fin al Preservation Hall. Este lugar tiene una gran fama para escuchar Jazz en directo, y parece que tiene bastante personalidad. Nos ponemos en la cola y por nuestros cálculos debemos entrar y esperamos que sentarnos. El sitio es increíble, lo tienen todo montado de tal manera que la experiencia resulta absolutamente única. Haces cola en la calle más de media hora (como poco), es medianamente caro, los empleados son amables, y desde la fachada al interior desprende un aura única, su antigüedad le da personalidad y encanto. Tras pagar religiosamente y entrar, conseguimos sentarnos en el suelo, en segunda fila, casi tocando a los músicos. Por desgracia se me sientan unos niños al lado, a los que sus padres mandan, con el pequeño detalle de que son tres niños (y aquí los niños suelen ser grandes) para dos sitios. Aparte de estar literalmente pegados durante todo el concierto, no me molestan ni me fastidian la experiencia. Rápidamente hago la única foto del sitio, las cámaras están terminantemente prohibidas en cuanto empieza la función, y avisan que paran de tocar si ven a alguien grabando. Sale algo movida y borrosa, pero es lo único que tengo.

A partir de aquí, menos por dos interrupciones de gente grabando en la primera canción (sí, tras decirlo tres veces y una primera con parada de música incluida, parece que hay gente que sigue grabando), me pongo en modo éxtasis musical, y me quedo anonadado con los seis músicos. Trombón, trompeta, clarinete, batería, violonchelo y piano (si no me equivoco) son los instrumentos que nos deleitan. En los momentos álgidos de sus solos,los músicos se levantan y se escuchan "yeahs!" desde el público. El trompetista nos deleita con una canción lenta (Do you know what it means to miss New Orleans) cantando y haciendo sonar su instrumento. En definitiva, una gozada, la verdad es que merece la pena aunque se hace muy corto para el precio que pagas. Salgo encantado del lugar y nos vamos a finalizar el día en el Café du monde, donde nos tomamos sus famosos beignets, un café black, un latte y... ¡un batido de los que llevan los niños al cole para Klinsmann!

Volvemos en la noche de New Orleans a nuestro hotel, caminando por las sucias calles de la ciudad, con los bolsillos más vacíos pero nuestras almas más llenas de esta ciudad única, una ciudad que nos ha costado conquistar, una ciudad a ratos arisca, pero una ciudad que recordaré toda mi vida.

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El olor de la calle Bourbon

23:51 Andriy McJordan 0 Comments

Despertamos temprano para llegar al desayuno del hotel que acaba a las nueve, y tomamos unos bagels, zumo, café y lo que pillamos. La ducha del baño causa estragos porque nadie sabe usarla, Bauer la llama "bola de cristal" y parece difícil hacer que el agua salga a la temperatura adecuada. Salimos del pequeño Kosciusko y mientras nos dirigimos al sur pasamos por carreteras rodeadas de casas como en las películas, con su buzón cerca de la carretera y su caminito para llegar hasta ellas, y normalmente su pick-up aparcada fuera. Me sorprende la cantidad tremenda de casas que pasamos desperdigadas por el camino, siempre pienso en toda esa gente que vive ahí tranquilamente totalmente apartada del mundo.

En cosa de cuatro horas llegamos a Nueva Orleans, y, en seguida, se hace evidente que esta ciudad es totalmente distinta a lo que llevamos visto hasta ahora, otro rollo completamente. Volvemos a una población extensísima negra, parece que van mucho más tranquilos y despacio por la calle, edificios más bajos aunque haya rascacielos, mucho homeless y, sobre todo, muchísima cultura del tema este del vudú y cosas de fantasmas y más aun de la música. Al llegar hacemos check-in en el hotel, seguramente el más lujoso hasta el momento y bien situado. El calor vuelve a ser intenso, hay sol y temperaturas altas. Damos una vuelta y comemos en una especie de sitio medio comida rápida medio comida típica de Luisiana, patatas cajún, pescado frito y gambas que llaman "Gambas-Palomitas de maíz". Todo tiene una especie de saborcillo picante, a mí me gusta. Por la tarde damos una vuelta por la ciudad, en concreto el french-quarter, que al parecer es el barrio español, no sé por qué se llama así. Lo demuestran los constantes azulejos de las esquinas en los que ponen cómo se llamaban las calles antiguamente, y donde indican que dichos azulejos están hechos en Talavera de la Reina. Las casas me recuerdan algo a Melbourne, no sé si los aussies coincidirán conmigo.
Paro en un par de tiendas, una de libros cerrada con una pinta buenísima a la que espero ir mañana, y al final llegamos a una que teníamos fichada en la guía de Bauer. Me acerco a mis secciones favoritas, los cajones con ofertas, y en este caso voy directo al Jazz, es lo que toca en New Orleans. Encuentro una joyita de Sidney Bechet, y aunque la portada está algo rota y los discos un poco tocados por el precio que es, y siendo doble, me lo quedo. Además me cojo otro doble de pequeñas bandas que me hace gracia. Continuamos por la calle Frenchman, donde más adelante volveremos para ver Jazz en directo en algún local de todos los que hay, y giramos en seguida para dar otra vuelta por el French Quarter. Enfrente de la Catedral encontramos un par de músicos en directo, el que toca la trompeta y canga, un negro bastante grande y gordo, tiene una voz que parece sacada de las pelis de Disney o algo así, les escucho un rato ilusionado y descansamos sentados mientras tanto.

La calle Bourbon es una auténtica locura, desde el olor impregnado que se te mete debajo de la piel y que todavía no sé lo que es hasta los personajes que señalan sus locales sin más como reclamo para que entres. Nos acercamos a un club mítico de Jazz en el que hay que hacer cola para entrar y pagar entrada pero nos avisan de que seguramente no entremos en la sesión de las ocho, y como no queremos estar esperando ahí hasta las nueve seguimos nuestro camino. La ciudad tiene miles de tiendecitas extrañas, muchas de ellas dedicadas al tema este del vudú mezclado con los souvenires, pero también otras de antigüedades, muebles, cosas que parecen estar al margen de las cadenas que hoy en día todo lo dominan. Volvemos finalmente a Frenchman y al principio vemos un sitio que nos gusta, damos una vuelta por si acaso, pero acabamos entrando y cogiendo sitio allí, no sin que antes nos pidan el ID. La verdad es que hay veces que no entiendo por qué lo piden si es evidente, pero sus razones tendrán... Nos pedimos tres cervezas y disfruto como un enano de la banda, me da lo mismo que no sean auténticos, que sean para turistas o lo que sea, yo estoy aquí en un local en Nueva Orleans escuchando Jazz con Klinsmann y Bauer y soy feliz. Unas cuantas canciones más tarde entra un chaval con una trompeta y se une a la banda, que le acoge y le regalan una camiseta. Mucho mejor todavía, además me gusta como toca y le añade otro estilo. Me acuerdo de Kerouac y sus relatos de NO y de cómo se vuelven locos sus personajes con el Jazz. Nos piden propina un par de veces, y cuando terminan les damos unos dólares y nos vamos hacia el hotel.

Al salir vemos por la calle a una banda bastante grande tocando, esta sí es totalmente formada por gente negra. Volvemos a la locura de Bourbon mientras regresamos y nos tiran collares de estos de plástico de bolitas desde un balcón (a nosotros y a todos) como reclamo para entrar en su garito. Cojo uno al vuelo con mi sentido arácnido. Pronto llegamos al hotel, cenamos algo y descansamos. Todavía me parece que huele a la calle Bourbon...

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Funny accent

23:41 Andriy McJordan 0 Comments

Despertamos por la mañana y nos dirigimos a Saint Louis, nuestra próxima parada, a la que llegamos rápidamente. Aparcamos en la calle y un amable ciudadano nos confirma que los domingos se puede. Nada más empezar a andar se ve mucha gente vestida de rojo, y más de cerca podemos observar que llevan los colores de los Cardinals de St Louis. Hoy hay partido. Nos acercamos a la Old Cathedral para la misa de las 10.30 donde el padre habla de las cosas negativas y las positivas que pasan en la vida. Cuando acabamos nos acercamos al arco y dudamos si subir o no, al final optamos por dar una vuelta por la ciudad y seguir nuestro viaje. La ciudad está bastante desierta sin contar con los fans que se dirigen hacia el estadio. Seguimos más o menos el mapa que una amable señora de información nos ha dado y vemos los edificios como City Hall, Courts y demás. También pasa por aquí el famoso río Mississipi, que es tremendamente grande, tanto como para que pase un barco que más bien parece un tren.
Volvemos al coche y nos despedimos de San Luis y su arco, atravesando la ciudad al lado del estadio donde se amontonan los aficionados. Nos dirigimos ahora hacia el sur, con destino Nueva Orleans, aunque hoy paramos a un poco más de la mitad para hacer noche en Kosciusko. El viaje transcurre por carreteras totalmente rectas, yo hago un buen tramo con Bob Dylan y un vaso de CocaCola, y más tarde me cambio y leo un rato a Kerouac llegar a Frisco. Paramos en un Walmart donde entro solamente para comprar After Bite y es la perdición, nada más entrar veo un supermercado gigante y empiezo a dar vueltas, coger cosas y reírme con lo que veo. Botes de helado gigantes, trozos de carne más gigantes, mantequilla de cacahuete gigante de la que por supuesto me compro un bote no tan gigante... Me lo paso pipa, tanto que acaba entrando Klinsmann para rescatarme. Acabamos comprando fruta y algunas cosas gigantes. En una gasolinera una cajera negra nos pregunta que de dónde somos, y cuando le digo que de España dice que ha oído que está bien. Le digo que tiene que ir un día y repite lo de "sí, un día" sin ninguna fe, como diciendo, nunca saldré de aquí y lo sé. Su compañera parece pensar lo mismo. Mientras tanto a Bauer le preguntan de una familia si venimos desde NY (estado), parece que la matrícula nos delata, y que si tienen un acento raro aquí en el Sur, lo cual pienso que sí es cierto. También parece que relacionan España con el fútbol, a mí también me pasó ayer. Acabamos llegando a nuestro destino y un amabilísimo recepcionista nos trata muy bien y nos recomienda cosas para nuestro viaje de mañana. Lavamos ropa, la secamos, cenamos y nos vamos a la cama. Mañana desayuno pronto y hasta New Orleans, la cuna del Jazz. Dejaré un vídeo subiendo a ver si hay suerte y mañana por la mañana os lo cuelgo...

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